Parábola de la voz

Los discípulos del rabino Leví bar Chemjo, que hace muchos años vivía en el Este y fue muy famoso, fueron un día a ver a su maestro y le preguntaron:

-Rabí, ¿por qué el Señor, cuyo Nombre sea siempre alabado, alzó la voz al empezar la creación? Si El hubiera hablado y traído a la vida con su voz el agua, las estrellas, la tierra y a todos los seres que en ella se encuentran, habrían tenido que existir ya antes para escucharle y obedecerle. Pero no existía nada. Nada podía oírle ya que El fue quién sacó todas las cosas a la luz al alzar su voz. Y ésta es nuestra pregunta.

El rabino Leví bar Chemjo arqueó las cejas y, contrariado, contestó:

-El lenguaje del Señor, glorioso como Su Nombre, es un lenguaje silencioso y Su silencio es Su lenguaje. Su ver es ceguera y Su ceguera es ver. Su hacer es no-hacer y Su no-hacer es hacer. Regresad a vuestros hogares y reflexionad sobre esto.

Se fueron turbados al comprobar que le habían disgustado, y regresaron unos días después muy indecisos:

-Perdónanos, rabí -comenzó tímidamente aquel que habían designado para que hablara-, tú nos dijiste que para el Señor, cuyo Nombre sea alabado, hacer y no-hacer eran una misma cosa. ¿Cómo es eso si El mismo diferenció Su hacer de Su no-hacer al descansar el séptimo día? y, ¿cómo pudo El fatigarse y necesitar descanso, si con un simple aliento lo pudo crear todo? ¿Acaso la creación la supuso un esfuerzo tal que con Su propia voz se quiso llamar a sí mismo?

Los demás asintieron con un gesto a estas palabras. Y como el rabino notara cuán ansiosos le observaban todos temiendo irritarle de nuevo, se tapó la boca con la mano para disimular una sonrisa:

-Permitidme que os conteste a mi vez con una pregunta. ¿Por qué El, que se nos anunció conSu santo Nombre, tuvo a bien rodearse de ángeles? ¿Acaso para que le protegieran cuando El no necesitaba de ninguna protección? ¿Por qué se rodeó de ángeles si se bastaba  a Sí mismo? Ahora regresad a vuestras casas y reflexionad sobre esto.

Volvieron a sus hogares, extrañados por la pregunta a guisa de respuesta que les había formulado. Y, tras haber empleado media noche en sopesar los pros y los contras, regresaron por la mañana a casa de su maestro y le dijeron con alegría:

-Creemos haber comprendido tu pregunta y nos sentimos capaces de contestarla.

-Hablad, pues- respondió el rabino Leví bar Chemjo:

Entonces se sentaron frente a él y, tomando la palabra el orador, explicó lo que ellos habían deducido:

-Puesto que, según tu explicación, ¡oh, rabí!, el silencio y la palabra, así como todo lo que se contrapone, tiene un mismo significado para el Señor, cuyo Nombre sea alabado, de forma que en Su silencio está Su palabra, así El decidió que um discurso que nadie oyera carecería de sentido, como tampoco lo tendría un acto efectuado en el vacío, y tuvo a bien requerir a los ángeles a Su alrededor para que le escucharan y compementaran Sus santos atributos. Por tanto dirigió a ellos Su voz al ordenar la creación y los ángeles, que siguieron al poderosa obra , se sintieron tan canasados que necesitaron descansar. Entonces descansó El con ellos el séptimo día.

Se asustaron en gran manera al ver que en este punto el rabino bar Chemjo se echabar a reír; y sus ojos se hicieron más pequeños sobre su barba a causa de la risa.

-Así pues, ¿consideráis al Señor, cuyo Nombre sea alabado, como una especie de bufón frente a Sus ángeles? ¿Como un prestidigitador de feria que hace juegos de manos con una varita mágica? Casi me inclino a creer que El ha creado locos como vosotros, para poder burlarse de ellos igual que lo hago yo ahora; pues en verdad que Su seriedad es risa y Su risa seriedad.

Se sintieron avergonzados, pero también contentos, al ver la hilaridad del rabino y le suplicaron:

-Ayúdanos un poco, rabí,  a seguir adelante.

-Eso quiero -contestó el maestro- y voy a ayudaros sirviéndome de nuevo de una pregunta. ¿Por qué el Señor, el Santo de los Santos, empleó siete días en la creación cuando pudo llevarla a cabo en un instante?

Regresaron a sus hogares a celebrar consejo y cuando, al día siguiente, se presentaron ante el rabino, sabían ya que se encontraban cerca de la solución. El que siempre hablaba en nombre de todos dijo así:

-Tú nos has señalado el camino, rabí, pues nos hemos percatado de que el mundo creado por el Señor, cuyo Nombre sea alabado, se basa en el tiempo, y por lo tanto también la creación, puesto que ya pertenecía a lo creado, necesitaba de un principio y un fin. Sin embargo, el tiempo tenía que existir ya para que hubiera un principio, y los ángeles tenían que estar ahí en el lapso de tiempo que precedió a la creación para sostener el tiempo con sus alas y obligarlo a avanzar. Sin los ángeles, no hubiera existido ni siquiera la intemporalidad de Dios, en la cual, por Su santa decisión se cobija el tiempo.

El rabino Leví bar Chemjo pareció satisfecho, y dijo:

-Ahora estáis en el camino acertado. Sin embargo, vuestra primera pregunta se refería a la voz del Señor que, en Su santidad, alzó al empezar la creación. ¿Qué podéis decirme sobre esto?

Los discípulos respondieron:

-Con supremo esfuerzo hemos llegado al punto que acabamos de exponer. Pero no hemos llegado aún a esta última pregunta, primera que te planteamos. Con todo, puesto que de nuevo ta has inclinado benévolo hacia nosotros, confiamos en que tú nos darás la respuesta.

-Lo voy a hacer -contestó el rabino- y mi respuesta será breve.

Y habló de esta manera:

-En todas las cosas que El, cuyo Nombre sea alabado, ha creado o todavía ha de crear, existe una parte de Sus santos atributos, ¿cómo podría ser de otro modo? Pero, ¿qué cosa esa la vez silencio y voz? Evidentemente de todo cuanto yo conozco, es el tiempo el que reúne esta dualidad. Y aunque nos abarca y atraviesa, es para nosotros silencio y mudez. Sin embargo, al hacernos viejos, si tendemos el oído al pasado, oiremos un suave murmullo. Es el tiempo que acabamos de vivir. Y cuanto más escuchamos el pasado, más capaces seremos de oír la voz de los tiempos, el silencio del tiempo, que El en su santidad, ha creado por Su propia voluntad y también a causa del tiempo mismo, a fin de que la creación se cumpliera en nosotros. Y cuanto más tiempo transcurra, más poderosa será para nosotros la voz de los tiempos. Creceremos con esta voz, y al fin de los tiempos entenderemos su principio y oiremos el llamamiento de la creación, pues entonces percibiremos el silencio del Señor en la santificación de Su Nombre.

Los discípulos quedaron confusos, en silencio Pero como el rabino no volvió a hablar, sino que permaneció sentado con los ojos cerrados, se marcharon calladamente.

Hermann Broch

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Published in: on diciembre 26, 2008 at 5:24 am  Dejar un comentario  

Pelusas poéticas

Yves Bonnefoy (1923)

He callado el sonido de la voz que te nombra.
Estàs solo en el cerco de las aguas oscuras.
Bajo tus pies el suelo vacila, pero tienes
en tu interior un canto distinto de esas aguas,

una esperanza ajena a esta marcha sin riesgo,
a estos pasos amargos, a esta luz temblorosa.
Tù no buscas las aguas materiales del rìo,
su camino de luna donde el viento se calma.

Y dices: mi deseo, sobre orillas màs muertas,
son los altos palacios que hundì en la destrucciòn.
Amas sòlo la noche porque es noche y sostiene
la antorcha de la plena renuncia: tu destino.

Una voz

Oyeme revivir en estos bosques
bajo las frondas de la memoria
por donde paso, verde,
sonrisa calcinada de remotas plantas sobre la tierra,
raza diurna de carbòn.

Oyeme revivir; yo te conduzco
al jardìn de presencia,
desierto en el crepùsculo y que unas sombras cubren,
morada que en el seno del nuevo amor te acoge.

Desierto ayer reinante, era yo hoja silvestre
libre para morir;
mas maduraba el tiempo, negro clamor de cauces,
la herida de las aguas en las piedras del dìa.

Una voz

Tù, que dicen que bebes de esa agua casi ausente,
recuerda que a nosotros se nos escapa, y hàblanos.
Pues ella, la inasible, cuando al fin se la alcanza,
¿tiene un sabor distinto al del agua mortal,
y estaràs tù alumbrado por oscura palabra,
bebida en esta fuente y siempre viva,
o el agua es sòlo sombra, en que tu rostro
su finitud refleja solamente?
-No lo sè, ya no existo, el tiempo acaba
como un sueño que en dioses ocultos se desborda,
y tambièn como un agua tu voz se desvanece
de ese lenguaje claro y que me ha consumido.
Puedo vivir aquì. El àngel, que es la tierra,
aparece y se abrasa en cada arbusto.
Soy ese altar vacìo, la hondonada, los arcos,
y la duda, y tù mismo quizà; pero tambièn
el alba y el fulgor de piedras mal unidas

Published in: on junio 2, 2008 at 12:38 am  Dejar un comentario  

Pelusas poéticas

Héctor Yánover (1929-2003)

Sigo andando
pasan carros, plazuelas,
niños de tez ligera
y yo atravieso vientos,
ramas contra el cielo nublado,
faroles contra la luna llena.

Tengo el rostro en espera
como si a cada instante
me fueran a dar la buena nueva.

Tengo el cuerpo dispuesto para todo trabajo
y pronto estoy para partir y regresar,
hacer y deshacer, morir y continuar.

Pasan dìas iguales, alegrìas de a peso
y de pronto me paro frente a mi espejo,
me contemplo un instante y trato de olvidar.

Published in: on junio 1, 2008 at 5:14 am  Dejar un comentario  

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–¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para ser un buen novelista?

–99% de talento… 99% de disciplina… 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.

–¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?

–El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo…

–Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?

–No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.

–Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?

–El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán “señor”. Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán “señor”. Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues, que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.

–¿Bourbon?

–No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés.

(Fragmento de una entrevista)

Published in: on enero 22, 2008 at 5:15 am  Dejar un comentario  

Sófocles estaría contento

             Serrat se hizo el piola porque le pegó con un par de poemas de Machado y después dijo “ya está, Benedetti es una papa” y le salió para el orto. Alberto Cortés se metió con Almafuerte y le quedó una reverenda bosta. Víctor Heredia no lo pensó y cerró los ojos con Neruda y se tuvo que perder el disco en el culo.

            Ahora para pasarles el trapo a todos estos nabos nuestra vernácula Mona Gimenez se inspira en la más rancia tragedia griega clásica y nos trae su versión del Edipo de Sófocles. Stravinsky, Jim Morrison y ahora la Mona. Ya le falta nomás tratar de vos al Dante,a Shakespeare, a Cervantes y a Homero.

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EDIPO DE AMOR

Sus padres lo abandonaron,
no podian criarlo, tenian que estudiar,
aquel niño traería muchos problemas,
acabarian con su vida profesional.
Creció en una villa, padres adoptivos,
con mucho sacrificio pudo sobrevivir,
chico popular, tenia muchos amigos,
su vida cambiaria por esa mujer.
De una bella señora se fué a enamorar,
dama distinguida de alta sociedad,
esa extraña aventura, diferencia de clases,
fué mas fuerte el amor, no importó la edad.
Pero era casada, tenia su marido,
una vida tranquila, un buen pasar,
ahora su corazón late por otro
y ese chico atrevido entró en su hogar.

Era su madre, su podria madre,
aquella mujer de quien se fue a enamorar,
era su madre, la misma madre
que lo abandonó tanto tiempo atrás.
Era su madre, su propia madre,
mujer infiel, incestuoso amor,
era su madre, aquella unión de madre e hijo,
edipo de amor.

El iba a visitarla dia por medio,
era su cita fija sin excepción,
pero allí el destino se encargaría
de ponerle fin a este oculto amor.
Ese dia su marido llegó temprano a casa,
quiso sorprenderla y no le avisó,
los dos enredados en su propia cama,
al abrir la puerta él los encontró.
Cegado por la locura quiso matarlo,
corrió en busca de un cuchillo
y como un toro se le abalanzó,
en aquella habitación ocurrió un espanto,
una tragedia sucedía
y el menor mató, mató, mató al mayor,
mientras ella lloraba.

Era su madre, su propia madre,
aquella mujer de quien se fue a enamorar,
era su madre, la misma madre
que lo abandonó tanto tiempo atrás.
Era su madre, su propia madre,
mujer infiel, incestuoso amor,
era su madre,
y aquel señor a quien mató, su progenitor.

Era su madre, era su padre,
que lo abandonaron mucho tiempo atras,
era su madre, era su padre,
historia sangrienta, tragedia fatal.
era su madre, era su padre,
destino triste, que destino cruel,
era su padre, era su madre,
mujer infiel, edipo de amor.

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Published in: on diciembre 14, 2007 at 1:21 am  Dejar un comentario  
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