Ésta distinción no tendría razón de ser si el sujeto en cuestión abandonara por un momento la idea de que lanzar cien chistes pelotudos en un minuto hacen uno bueno, de que son necesarias las risas artificiales para refrendar que algo ha sido gracioso, de que hacer un programa humorístico con invitados significa adosar a una anécdota intrascendente un chiste idiota y que con eso se cierra una especie de círculo, de insistir con un formato que trasluce una prefabricación de momentos irritante y muchas veces absurda, pero por sobre todas las razones expuestas están el hecho de la exposición y el lugar que tiene Jorge Guinzburg como “creador” de formatos y como un tipo con fama de rápido para entrevistar. En mi opinión Guinzburg demuestra a cada paso que da una falta de sentido del humor aplastante y nunca le vamos a oir algun chiste o comentario donde la persona de este factótum mediático sea tomada con humor, una característica frecuente en el circo de egos inflados llamado televisión argentina.
Por todo ello Jorgito, petiso, moshe, te adjudico el premio “ojalá la reencarnación del coreano de la universidad yanki que liquidó a dos docenas de estudiantes se aparezca en tu espacio “La Biblia y el Calefón” y se mande la masacre televisada más sangrienta del historia”.
Mientras los simpáticos sujetos designados para entregar la distinción se acercan, nuestro galardonado no pierde la oportunidad de llenar de humor nuestra realidad haciéndola un poquito mas chota cada día. Grande Jorgito!!


