Parala de pecho. Las cinco (más una) cantantes más grandes del siglo XX.

Y no jodan con que falta alguna. He dicho.

Published in: on noviembre 3, 2008 at 3:26 am  Comentarios (1)  

Compositores actuales

Carlos Di Fulvio (1939)

Published in: on abril 26, 2008 at 1:30 am  Dejar un comentario  

Sin City es un tango

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Se miraron largo rato
en señal de desafío
relucía en sus miradas
todo el fuego del rencor
se cruzaron dos insultos provocadores y fríos
Y hai (sic) nomás se convidaron
pa’ peliar al callejón.
Según el decir de todos
los que estaban enterados
el código de aquel odio
fue el amor de una mujer;
por el querer de la paica
los dos habían buscado
esa pelea a lo gaucho,
el del cuchillo era de él.
A la hora convenida
anhelantes y puntuales
se encontraron esa noche en el triste callejón.
Sin cruzarse una palabra,
Mungos (sic) fieros los rivales
a la voz de: ¡vamos tambo!
desnudaron su facón.
Frente a frente, decididos
sin un desfallecimiento,
se buscaban dando pruebas de maestría y de valor
hasta que cayó uno de ellos
sin un ay, sin un lamento,
mientras formaba en su pecho
la sangre, una roja flor.
Descubrióse el otro guapo
contemplando al rival muerto;
elevó su vista al cielo
como pidiendo perdón;
dirigió luego sus pasos
hacia el arrabal desierto
Y se perdió entre las sombras del oscuro callejón

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Desde piba te mostraste una jermu insosegada,
una mina pura cancha, con más ley que un coronel.
De la fábrica te echaron por huelguista alborotada
y de aquel laboratorio por tu clase de cuartel.
En las lides que tuviste con la clase aburguesada,
siempre fuíste carta brava, muy pesada de pelear,
y en el monte de la vida sota linda, afortunada,
ligadora como nadie cuando entraban a tayar.

Fue en un copo que ligaste a ese viejo bacanazo
que te puso en pleno centro, una sala rococó,
desde entonces no quisiste ser la nami del mal paso
sino el mono con más vento, que la cálida Margot.
Pero un día que saliste pa’ el suburbio retobado
a besar a tus viejitos y llevarles que comer…
Por tu cara regordeta, dos perlitas resbalaron
que te hicieron como nunca, con su frío estremecer.

Desde entonces el suburbio, que es un chorro, un scruchante,
con la sombra por ganzúa y la luna por farol,
buscó el modo de spirarte, te afiló como buen rante
y en sus brazos te dormiste, piba linda como el sol.

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La más bonita del barrio
salió para el almacén
sintiendo que a su costado
alguno le hacía el tren.
Palpitó el apuntamento
y los pasos apuró
quiso correr pero el mozo
entró a jugar y copó

Tenorio del suburbio que está engrupido
que por él, las pebetas viven chaladas.
y alardea de triunfos que ha conseguido
con mujeres, en timbas y a puñaladas.
El barrio lo respeta y entre la barra,
lo que él diga, se puede dar por sentado;
bailarín y buen mozo, sale de farra
y corre con los gastos organizados.

Pero a la moza su fama no lo puede entusiasmar
hay otro a quien ella ama y no le puede fayar.
Y aunque en varias ocasiones airada lo rechazó,
él sigue en sus pretensiones porque jamás se achicó.

Y él le pide de nuevo que sea buena,
que ponga sol de amores en sus mañanas,
que vea cómo sufre su enorme pena,
sin tener el consuelo de una esperanza…
Y viendo que ella no le contesta,
hace cruz con los dedos que después besa.
“Pensalo bien -le dice- sino por ésta,
te marcaré la cara de oreja a oreja”.

Y una noche hecha de luna se entristeció el arrabal…
sintética noche triste de crónica policial.
Porque la horrible amenaza se cumplió cobarde y cruel:
la moza lleva una marca por seguidora y por fiel

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La calle me clavó
la punta de su cruz.
La calle me apretó
el hueco de la luz.

En suelas que gasté.
En tanto andar detrás.

La calle con mi piel
y con la piel de usted,
se puso la llovizna
y me enseñó a morder.

Un lobo más
que tuvo que vivir.
Tibieza y pan
me puse a perseguir.

Por pisar mal
a veces me caí.
Por no pegar
me la dieron a mí.

Un lobo más
que tuvo que aprender
a no llorar
y a saberse vender.

Por no aflojar
de adentro me arrugué
Por no entregar
lo poco que salvé.

La calle me enseñó
sus dientes y su ley
y lo que quise yo
qué caro lo pagué

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     Zorro plateao
te defendés y ya tenés cuarenta y cinco y un quemao.
Zorro plateao todavía tallás
y trabajás de enamorao…
Zorro plateao
si hay que correr en el campito del amor
de punta a punta… vos ganás.
Parecés el negro Acosta
por lo bien que te apilás.

Si vas siguiendo un tango rezongón
con una piba taura pa’bailar,
porque te sobra fibra y corazón,
rendida en tus brazos la llevás…
Y así bebiendo el último compás
del tango que se acaba en el salón.

Zorro plateado, vos mintiento otra ilusión…
Zorro plateado,
conozco bien la causa porque llegaste a solterón.
Zorro plateado, por un querer
hoy ha cerrado tu corazón…
Pero pa’ vos
la vida está brindándote
siempre la última ilusión… ¡Zorro plateado!
¡Aunque también por dentro
vos llevés tu precesión          

Published in: on marzo 4, 2008 at 1:04 am  Dejar un comentario  
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